Natalie Scenters-Zapico

Lima Limón


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A la lima y al limón, tú no tienes quien te quiera.
A la lima y al limón, te vas quedar soltera.
Qué penita y qué dolor, qué penita y qué dolor,
la vecinita de enfrente soltera se quedó.
Conchita Piquer, “A la lima y al limón” (Copla tradicional española)

.
1.

Quiero ser los limones en el cuenco
de la portada de la revista. Quiero
ser redonda, ser amarilla, ser arrancada

de las ramas. Quiero ser cera, ser
blanca con médula, ser brillante, ser mondada
en las esquinas de una mesa. Te quiero

decir mi nombre como la palabra Limón.
Decirlo como la palabra Limón. Desnúdame
en tiras de piel. Quiero que mi saliva sea

cítrica. Quiero corroer el anillo de boda
de mi marido. Quiero ser un limón
con mi ecuador marcado en tinta negra…

pequeños guiones que muestran mi forma: picada y convexa.
.

2.

Me tiendo de espaldas en la hierba y aparto el peso
de un hombre de encima de mí. Sin aliento, él busca
un lugar en mi cuerpo que no se haya inundado.
La única zona aún seca es mi pelo, y él lo usa
para limpiarse el sudor de la cara. Está disgustado
porque he mojado la tierra de debajo
de nosotros. Dice que soy una experiencia semejante
a permanecer en un regadío de limoneros. Dice
que soy el agua acumulada en cada tronco, macerada
de cítricos y pesticidas. Dice que mi humedad
produce moho y que mi cuerpo es nauseabundo.
Me pregunto si no he dicho su nombre una y otra vez,
si pensará todavía en mí como un pequeño y redondo
y fresco limón… tan vaginal y arqueada como el limón.
.

3.

Me pongo una peineta y sujeto una mantilla en mi pelo.
Quiero ser Conchita Piquer animando a las mujeres
a convertirse en limones. El objetivo: tener alguien

quien me quiera. Quiero ser mi madre cantando
para dormirme: a la lima y al limón, te vas a quedar soltera.
Mi abuela odiaba las peinetas, las mantillas y a las mujeres

que llevan demasiado oro. Diría esto tirando de mi pelo
y apretándolo en un moño. Odiaba las peinetas y las mantillas:
pero la necesidad obliga. No quiero ser la mujer

cuya piel se disuelve en los caldos que hace
para sus padres moribundos. La clase de mujer que llora sola
porque no tiene ningún gordo marido que la haga llorar

en una casa totalmente suya. A la lima y al limón, tú no tienes
quien te quiera. A la lima y al limón, te vas quedar soltera.
.

4.

Mi cuerpo es una frutería a la que las mujeres envían
a sus maridos a buscar una docena de limones.
Presiono la grasa en torno a mi cintura y despliego

una bolsa de plástico. Cuento cada limón de la caja
de entre mis costillas y noto el zumo bajo
la fina piel. Cada marido se lleva un trozo de mi cuerpo

con él a casa en cada limón. Un trozo de mi cuerpo
que puede cortar en cuartos y exprimir en su
cerveza. Un trozo de mi cuerpo para estrujar en azúcar

y alimentar a sus niños mientras se ríen con la tele.
¿Qué más puedo dar que mi cuerpo en trozos
a los maridos extraños? ¿Qué más puedo dar

que los limones que crecen entre mis pechos?
Le digo a cada marido: Enséñame tu lista, sacaré estas
partes de mi cuerpo para que se las lleves a casa a tu mujer.
.

5.

Cuando el extraño se entera de que hablo español
hace que me quede en ropa interior y que le lea
El Aleph de Borges. Y porque solo quiero
que el extraño me ame, leo, y me pregunto si Borges
podría ayudarme a saltar a través de una frase de la página
hasta mi muerte. Después, el extraño susurra:
Eres lima, tu lengua arranca tinta de las páginas. Me pregunto
si el extraño imagina la lima como verde o amarilla,
como dulce o amarga… o como una ciudad donde la nieve
se acumula sobre las pestañas de tu amante en pleno julio.

Di limón: limpio y maduro y estallando en tu lengua.
Di limón: agrietado y feo y de baja calidad.
Di lima: Rimak y rima y palabra de Dios.

Dios habla. Rima. Rimak. Dios ha hablado.
Rimak. Rima. Limón. Lima. Limón.
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Nota
Tanto el título como las palabras en cursiva aparecen en español en el original.
En la novela histórica El nigromántico mejicano de Ignacio Pusalgas y Guerris, Rimak es una princesa mexicana convertida al cristianismo, nieta de Moctezuma II, que a la muerte de éste es elegida emperatriz, aunque muere al poco tiempo.

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Natalie Scenters-Zapico. Lima Limón
Traducción de Henrique Taboada Mir

Natalie Scenters-Zapico

Eres un cuerpo oscuro


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de agua con un lecho de roca apenas visible
desde tu superficie. Eres el único cuerpo oscuro

de agua en un desierto lleno de cactus sangrantes.
En tus clavículas llevas un barranco, sostenido por un hilo

de pelo. Viajas durante días bebiendo solamente de ti,
porque eres el único cuerpo oscuro en esta tierra

de agua. En el pliegue del horizonte encuentras a una mujer
en la cama, el pecho mojado de saliva, la pateas

fuera de la cama, y tomas su lugar entre las sábanas. Un hombre
se acuesta a tu lado en la cama. Él traga tu cuerpo oscuro

de agua y te da el cuerpo de una mujer, un cuerpo que nunca
habías conocido. Como mujer te hace llagas, y a través de

las llagas respiras, y a pesar de las llagas das a luz
a un niño mortinato por falta de agua. Pateas al niño fuera

de la cama, pero regresa en los brazos de la mujer cuya cama
robaste. Lloras para convertirte de nuevo en un cuerpo oscuro

de agua. El hombre te echa de la cama, te cubre
de suciedad y te vuelve desierto. Lloras por una cama en la que nunca

te dejará dormir de nuevo. Lloras por el lecho de tu cuerpo
de roca vuelto desierto por falta de agua.
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Natalie Scenters-Zapico. You Are a Dark Body
Traducción de Henrique Taboada Mir

Tati Bernardi

Ogrodulce


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—Has vuelto pronto del baño.
—Solo fui a escupir el chicle.
—¿Por qué no lo escupiste en ese cacharro de ahí?
—Porque eso es un chisme de poner velitas.
—Me he bebido una botella entera de vino. Creo que es mejor que me vaya a casa.
—Creo que deberías quedarte.
—Creo que si me quedara, voy a querer ver tus tetas.
—Ahora no mola, hay niños por aquí.
—Fíjate bien: es una enana.
—No me gusta mi culo.
—Tu culo es bonito. Eres toda bonita, bonita normal, pero tus tetas son internacionales.
—Me gusta tu pantalón blandito, permite sentir exactamente cómo es tu polla.
—¿No quieres sentirla en la boca?
—Sí, en cuanto se vayan los niños.
—Fíjate bien: es una enana.
—No lo es.
—Pero si está fumando.
—Por Dios. Es verdad, es una enana.
—¿Entonces me chupas la polla?
—Espera, ¿vamos a mi casa?
—¿Vas a llevarme a tu casa?
—Solo si prometes que no vas a matarme.
—Lo prometo, porque además hoy no tengo tiempo.

—Si haces eso, no voy a poder conducir.
—Sigue conduciendo, quiero ver.
—No puedo golpear el coche, voy a venderlo el miércoles.
—¿Está cerca? Estoy muy caliente.
—Yo también. Aunque tomo un medicamento que afecta a mi líbido. Me parece raro estar tan caliente.
—Yo no tomo nada, pero debería porque no duermo.
—Duerme en mi casa.
—Dijiste que odias que duerman en tu casa.
—Pero tú me gustas. Me gusta tu olor.
—¿Mi olor o mi colonia?
—No lo sé. Me gustaste porque eres medio ogro, medio dulce. Eres ogrodulce.
—Te has puesto muy sensual ahora.
—¿Solo ahora?
—Solo.
—Pero estamos juntos desde las seis de la tarde ¿y solo me he puesto sensual ahora?
—Solo.
—Pero te he hecho reír desde las seis de la tarde hasta ahora.
—Un mono de circo no es sensual. Es divertido, es majo, pero no es sensual.
—Siempre pensé que ser graciosa era mi punto fuerte.
—No lo es.
—(…).
—¿Te ha sentado mal lo que he dicho?
—Mucho.
—¿Por qué?
—Porque si no hago chistes no sé hacer nada más.
—Entonces chúpame la polla.
—Me da asco si no estoy excitada.
—Entonces excítate.
—Ya está.
—¿Llegamos?
—Sí.

—Majo esto, pequeño pero majo.
—¿Y si yo dijera lo mismo de ti?
—¿Vas a volver a hacer chistes?
—No consigo parar.
—Para solo un poco, solo un poco.
—Voy a intentarlo.
—Ríndete, vamos.
—Voy a intentarlo.
—¿Puedo mirar ahora?
—Puedes.
—¿Puedo quitarte el pantalón?
—Puedes. Pero antes quita la bota, las botas son complicadas.
—Quito.
—¿Tú solo me obedeces?
—Solo.
—¡Ah, no. Estás haciendo chistes!
—Sí.
—No tiene gracia. Entrégate. Hacer chistes es tu defensa, no te defiendas.
—Yo estoy borracho, no estoy defendiéndome.
—Para ti es fácil.
—¿Por qué?
—Porque tú eres hombre.
—Un hombre se muere de miedo con una mujer como tú.
—¿Cómo soy yo?
—Todo el tiempo analizando profundidades, dando notas de actuación para almas.
—¿Notas?
—Sí, eres la Bruna Surfistinha de la profundidad.
—Quiero chuparte la polla.
—No. Antes quiero ver una cosa.
—Puedes ver.
—¿Tienes frío?
—No, estoy temblando porque tú me gustas mucho.
—Calma.
—Ya sé.
—Calma.
—Ya sé.
—¿Puedo?
—Espera, déjame coger una goma.
—¿Dónde las tienes?
—Ahí.
—Eres una descarada.
—¿Porque tengo las gomas junto a la cama?
—Mañana, cuando yo me vaya, el portero va a reírse y a pensar “esa tía del 64 no pierde el tiempo”.
—¿Soy una zorra porque voy a acostarme contigo y acabo de conocerte?
—¡No!
—¿Lo soy?
—No.
—Entonces no.
—Chupa un poco más antes de ponerla.
—(…).
—Espera, despacio.
—Ya está.
—¿Puedo?
—Puedes.
—¿Te giras?
—Me giro.
—¿Te quedas así?
—Me quedo.
—¿Qué pasa?
—Me ha dolido un poco.
—Disculpa.
—No.
—¿No disculpas?
—Disculpo. Pero no, no pares.
—¿Puedo correrme?
—Puedes.
—¿Y tú?
—Yo bien, gracias.
—No hagas chistes ahora, porfa. Yo estoy a punto de correrme y tú sigues en guardia.
—Disculpa, pero me siento sexy siendo graciosa.
—Eres muy sexy siendo graciosa.
—Has dicho que no.
—Mentí.
—Adoro esta música.
—¿Qué es?
—Animal Collective.
—No me gustan esas cosas extrañas, medio electrónicas, medio no sé qué.
—Tienes el mejor beso del año, el mejor sexo oral del año, la mano caliente, la boca caliente, y es todo tan sabroso.
—¿En serio que no vas a hablar de mi polla?
—Tu polla es linda.
—Nunca imaginé que sería tan bueno.
—¿Por qué?
—Porque eres demasiado intelectual, bla bla bla.
—¿Puedo lamer tu tatuaje?
—¿Puedo estrangularte un poco?
—Ahí digo basta.
—Toda mujer dice basta, pero tú pareces ser del tipo de loca que dice basta enseguida.
—Ya estoy diciendo basta.
—Voy a correrme.
—¡¡¡¡¡Córrete!!!!!

—Siento vergüenza ahora.
—¿Por qué?
—Por culpa del escándalo.
—Fue chulo, parecías Luisa Marilac hablando “pijo” y tomándose unos buenos drinks en Eu-ro-pa.
—¿Parezco un travesti cuando me corro?
—Disculpa, no consigo dejar de hacer chistes.
—Me voy.
—¿Cinco más, por favor?
—¿Revolcones?
—No, minutos.
—Tengo que irme.
—¿Por qué?
—Para no quedarme para siempre.
—Quédate para siempre.
—¿Por qué?
—Porque aquí tienes amor, dinero y pastillas. Solo tienes que descansar existiendo, yo hago todo el resto.
—Las pastillas vician.
—El dinero también.
—¿Estás dándotelas de rica?
—No, estoy dándomelas de hombre.
—Tú eres una niña.
—Junto a ti yo consigo ser, y tú no sabes el placer que me da eso.
—¿Sentirte niña?
—Estar con un hombre. Solo he estado con chiquillos en los últimos años.
—¿Soy viejo yo?
—Tú eres demasiado guapo.
—Yo soy guapo porque tú admiras mi trabajo, yo no soy un tipo guapo andando por la calle.
—Tú eres un tipo guapo andando por la calle.
—Tus tetas son internacionales.
—Llévate una y déjame la otra.
—¿Cuál quieres darme?
—La que tiene el corazón.
—¿Cuándo vas a Río?
—Quiero verte de nuevo.
—Entonces, vas a Río.
—Le tengo fobia a Río.
—Yo también.
—Porque allá todo es feliz, pero yo me siento sola.
—Exactamente.
—Deseo tanto verte.
—La próxima vez pagas tú el vino.
—Pero fuiste tú quien lo bebió.
—No importa.
—Di “no importa” otra vez.
—No importa.
—Me encanta tu voz.
—¿Y qué más?
—Y tu mano caliente y tu beso suavito e intenso y tu manera de lamer las bragas antes para ver sí olía bien.
—Olía genial.
—Pero trabajé todo el día.
—Pero estaba genial.
—El olor combina o no combina.
—Cierto.
—Cierto.
—Llama a un taxi.
—No.
—Me quedaría más si no tuviera que marcharme.
—No te marches, quédate desnudo para siempre. Estás tan guapo desnudo.

—Voy a tirar esto antes de que se caiga todo en tu cama.
—Déjalo caer. Fecunda mi soledad.
—Qué bonito eso. Deberías ser escritora.
—Que cínico tú. Deberías ser actor.
—Me quedaría más.
—Nunca me gusta nada y tú me has gustado tanto.
—¿Sí?
—Droga.
—¿El qué?
—Yo hablando de gustar.
—¿Y por eso?
—Y por eso que va a suceder todo de nuevo.
—¿El qué?
—Voy a sentir demasiado, hablar demasiado, escribir demasiado. Tú te vas.
—Ahora me voy.
—¿Y después?
—Después no sé.
—Ya.
—Me quedaría, en serio, me quedaría mucho, mucho, mucho.
—Lo sé.
—Pero ahora me voy.
—Entonces saca el dedo de ahí.
—No lo consigo.
—Entonces no lo saques.
—Yo quería follar el día entero contigo.
—Yo quería follar la vida entera contigo.
—Eres una exagerada.
—Es todo lo que puedo ser.
—¿Me chupas la polla?
—Para siempre.
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Tati Bernardi. Ogrodoce
Traducción de Henrique Taboada Mir

Las olas en la arena

Les jours s’en vont, je demeure
G. Apollinaire

.
Van y vienen las olas en la arena
y así nuestros amores.
Recuerda que, como las olas,
pesares y alegrías se suceden.

Llega la noche, es la hora;
los días se van, yo me quedo.

Cogidos de los hombros contemplamos
el sol sobre las islas,
mientras ante nosotros sube
cansada de miradas la marea.

Llega la noche, es la hora;
los días se van, yo no vuelvo.

El amor fluye y bate, como el agua
en el mar y la ría,
como la vida viene y va
hasta que la esperanza también cede.

Llega la noche, es la hora;
los días se van, yo me venzo.

El tiempo, con sus días y mareas,
pasa y se colapsa; no vuelven
más amores ni vida.
Solo vuelven las olas en la arena.

Llega la noche, es la hora;
los días se van, yo con ellos.
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ēgm. 2017

Franny Choi

Introducción a la teoría cuántica


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Son muy pocos los universos paralelos
que nos conciernen.       En uno, él no ha muerto.

En otro, bebes luz con las manos durante todo
el invierno. Hay un universo en el que nadie yace

despojado en la calle mientras arde la gasolinera, un universo
en el que nuestras madres no han aprendido a envolver

sus huesos en cada pequeño pesar que han encontrado.
Existe un universo en el que no hay diferencia alguna

entre el pasado y el suelo. Otro donde
los océanos atraen a la luna.       Y así sucesivamente.

_______Esta es una lista incompleta. Ha sido acortada
para tu comodidad.       Podría hablarte acerca

de los muchos universos en los que las cosas malas
le suceden a gente que no es la gente

que tú amas. Sí, en otra vida, la hermana de alguien
es quien sube al tejado esa noche. En otra vida

los chicos se levantan sombríos del asfalto para apagar
los motores de sus motocicletas, y nadie da a luz

encadenada a una cama de hospital, ni el niño de nadie es arrojado
azul, a la orilla. Seguro. Puedes tener estos mundos.

Puedes calentarlos en tus manos por la noche. Pero has de saber:
al firmar, aceptas también ser responsable del universo

donde los océanos brillan en rojo, el universo donde
lo que llamamos sombra está latiendo con el almizcle

de las pezuñas, y especialmente este en el que
existen los humanos, pero solo en las pesadillas

de los niños pequeños. ¿Soportarás también ese?
¿La versión de la historia que nunca aprendió

a considerar el sonido? ¿y aquel donde el sonido
es solo lo opuesto al metal? ¿y aquel

donde el sonido del metal nunca es suficiente
_______para silenciar a los muertos?
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Franny Choi. Introduction to quantum theory
Traducción de Henrique Taboada Mir

Guillaume Apollinaire

El puente Mirabeau


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Bajo el puente Mirabeau fluye el Sena
y nuestros amores.
No es necesario que lo recuerde.
La alegría llegaba siempre tras el dolor.

Llega la noche, suena la hora;
los días se van, yo me quedo.

Mano con mano, sigamos cara a cara
mientras que bajo
el puente de nuestros brazos pasa
de eternas miradas la onda tan cansada.

Llega la noche, suena la hora;
los días se van, yo me quedo.

El amor se va como esta agua corre.
El amor se va
como la vida es pausada
y como es la Esperanza violenta.

Llega la noche, suena la hora;
los días se van, yo me quedo.

Pasan los días y las semanas pasan;
ni el tiempo pasado
ni los amores vuelven.
Bajo el puente Mirabeau fluye el Sena.

Llega la noche, suena la hora;
los días se van, yo me quedo.
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Guillaume Apollinaire. Le pont Mirabeau
Traducción de Henrique Taboada Mir

Donald Justice

Persona desaparecida


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Ha venido a denunciarse a sí mismo
como persona desaparecida.

Las autoridades
le entregan los formularios,

que él sabe cómo han esperado
con la conocida paciencia de los barberos

en sus pequeños locales, inactivos,
afilando sus navajas de afeitar.

Pero ahora que estos espacios de su vida
le miran fija e inexpresivamente,

esperando a ser rellenados,
no sabe por dónde empezar.

Temeroso de no poder ofrecer siquiera
una descripción de sí mismo,

pide un espejo.
Le tranquilizan diciendo

que no puede estar en ninguna parte
sino donde se encuentra

en ese preciso momento,
y que, por el momento, está allí.

Y él tal vez quiera creerles,
pero en el espejo

ve qué es lo que falta.
Es él mismo

a quien ve allí, emergiendo
lentamente desde lo oscuro

de una habitación amueblada
tan solo por oscuridad,

alguien que no recibe correo
y es conocido por la propietaria únicamente

por apartarse a sí mismo de sí mismo,
y a quien le quedan años todavía

antes de que pueda confiar a la luz
este último disfraz, él mismo.
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Donald Justice, The Missing Person
Traducción de Henrique Taboada Mir