Clayton Eshleman

Silencio delirante


.

Golpeteos, golpeos, esferas de Apolo, sonido
rompiendo en silencio, brasas
que aún oigo, maraña de pozos de sentido,
el modo en que una cueva puede gotear perfume…

fue en los cromañones, por sus húmedas paredes ocultas,
como si una flor dentro, allí dentro, dibujara sus zancudos
cuerpos panespermáticos, trotando como arañas sobre
presagios sin fondo, a tientas hacia el destino de Perséfone:
arrastrados por la pulpa del hongo del pelo púrpura de Hades
______estallando en sus cerebros.

Vertieron sus frentes en las brasas y los rediles
zigzagueados en el aire de la noche,
______–los animales conducidos a cruzarse–
una enorme vulva incisa ante la puerta,
el poder que surgió de allí era el paraíso, el poder
que los cromañones nos legaron:
hacer un altar de nuestras gargantas.

Las primeras palabras se mezclaron con grasa animal,
los heridos intentaban decir quién lo había hecho.
El grupo era la llanta de una rueda por-ser-inventada,
su lenguaje era radios, girando,
alrededor, el eje del fuego, su hilo de nosotros,
su quema de ellos,   monta nos moja, tú moja,
nosotros moja a ti, tú moja a nosotros, Dioniso
el renuente, reuniendo palabras, agitado
por las pausas de la lira entre los picos de la llama,
agua al fuego, nosotros a ellos.

Ojos-brasa, flexibles, que giran de nuevo
en aquellas cuevas cuyas paredes podrían ser ensartadas
entre sus dientes, la viscosa materia del alma tiraba de
sus manos hacia los flancos, ooh
qué hueso mostraban cosido dentro de sí mismos, ah
qué diminutas arañas macho eran
capaces de devorarlos en lo inmenso
¡palabra elástica de roca hembra!
.


Clayton Eshleman. Silence Raving
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Jimmy Santiago Baca

Día nublado


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Hace un día ventoso. Un muro de viento estalla,
resuena contra las ventanas, contra los marcos de hierro,
y cuando pasa por un cristal roto
se revuelve como un gato asustado
en los espacios vacíos del bloque de celdas.

En el patio de ejercicios nos acurrucábamos
con nuestros uniformes carcelarios,
en cuclillas contra la valla,
y el viento se llevaba nuestras palabras
sobre las alambradas,
mientras el guardia en la torre
se sujetaba la gorra ante una súbita ráfaga.

Desde donde yo estaba podía ver la torre principal,
y el viento en mi cara
me daba la impresión de que podría agarrar
la torre como una planta de maíz
y arrancarla de sus raíces de roca.

El viento sopla como en una flauta
en este agujero en la roca,
el borde rodeado por alambre de púas,
con un guardia sentado allí también,
escuchando atentamente los sonidos
cuando las nubes cubren el sol.

Pensaba en el día que llegué a la cárcel,
en el asiento trasero de un coche patrulla,
manos y tobillos encadenados, el policía señaló:
“¿Ves aquel gran tanque de agua, el grande
y plateado que sobresale allá lejos?
Eso es la cárcel.”

Y aquí estoy, no puedo creerlo.
A veces es un sueño, un sueño,
en el que me levanto frente al viento,
como ahora, soplando en mi uniforme,
y mis párpados guiñan un poco,
mientras miro incrédulo…

El tercer día de la primavera,
y cuatro años más tarde, puedo decirte
cómo un hombre puede aguantar, cómo un hombre
puede llegar a ser tan cruel, cómo puede morir
o llegar a ser tan frío. Puedo decirte esto,
lo he visto todos los días, todos los días,
y todavía soy lo bastante fuerte para amarte,
me amo a mí mismo y me siento bien;
aun cuando la tierra tiemble y se estremezca,
y no tenga nada a mi nombre,
siento como si lo tuviera todo, todo.
.


Jimmy Santiago Baca. Cloudy Day
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Relé de tiempo inverso

 

A
veces solo hablas para no hablar, otoño
en el cerebro y ya medianoche en los yermos
eléctricos, callando lo que sueles callar,

en un cerrar y abrir de mente se revelan
los soles y se ocultan los dioses, esto puede
que sea una venganza o acaso  una impotencia,

oh Galileo, dónde estás que no te veo,
decía el agujero negro al bravo viajero
del tiempo, tan valiente quizá como imprudente,

quiero creer, le dijo el dios al sacerdote,
bullendo entre burbujas de comba espuma cuántica
y sagrados versículos también tergiversables,

los homínidos palpan el negro monolito,
descubren el poder que nunca por sí solos
podrían adquirir, ciencia, ficción, falacia,

en el nodo afeitado se conectan espacios
separados y tiempos diferentes, presiona
rápido la segunda tecla de la derecha,

a
veces la onceava parte de la sinuosa
décima dimensión fluctúa en una órbita
excéntrica, y a eso le llamamos crepúsculo,

ella se plancha el pelo teñido cada viernes
y perfila dos líneas simétricas e idénticas
subrayando el deseo melifluo en su mirada,

aunque el tiempo se arrugue, también a ti te arruga,
dijo el empalagoso gusano en su agujero,
y a continuación pulsa el tres, el dos y el uno,

para armar sus trilitos en el círculo eterno
los súbditos del sol leían viejos planos
en las planas pantallas del navío espacial,

mitómanos, mitólogos, micólogos, micciómanos,
el tiempo es la escondida meada de una niña
filtrándose a través de estas tres dimensiones,

el clima y la erosión cuartean el peñasco
en formas definidas de ángulos rectángulos,
ahí pretende ver el experto alienólogo

las huellas sintomáticas de los protoastronautas,
pero entre los caprichos de la naturaleza
se encuentra, en abundancia, la fría geometría,

a
veces se enmascara, entre una densa nube
de gases y de estrellas, nuestro agujero negro
predilecto, atrasando, eternizando el tiempo,

en busca de respuestas, y algo de luz, el brioso
viajero fue a encender su mechero neutrónico
pero olvidó que había dejado de fumar,

la respuesta no irradia al final de esta línea,
dijo, condescendiente, a la luna la runa
desde su roja estela, a la velocidad

de la obscena luz los hechos giran deshechos,
los actos, putrefactos, la singularidad
ni siquiera es mentira ni tampoco verdad,

a
veces los obreros que elevan las pirámides
oyen Radio Sumeria, timbal y theremín,
mientras levitan rectos bloques de piedra eterna,

eterno es lo fugaz para el ojo del hombre,
eras como un relámpago bailando en la botella,
eres dúctil y dulce como una golosina

espesando mi venas, dame el trallazo eléctrico
de miel en tu mirada, dijo el viajero audaz
entrando al agujero de gusano sin tique,

el dado por las aguas compró una furgoneta
usada y se pasó unos cuarenta años
vendiendo su kebab en el rojo desierto,

a
veces es así, pero en el otro extremo
del tiempo irreductible quizá crucificarais
al viejo jipi en una barraquilla de feria

y en su cruz te dejaron agonizante mientras
los vecinos del pueblo y los veraneantes
me tiraban con rifles de aire comprimido

y te lanzaban dardos y pelotas de goma,
pero él resueltamente resucitó al tercer
cuarto de hora, el rey de entre todos los tuertos,

así es como se escribe la fría geometría,
luego tus amiguetes le erigieron en líder
supremo del cotarro, y los días de fiesta

las niñas de la escuela con sus vestidos nuevos
bailan ante el retrato de ese señor con barba,
así es como se traza la trigonometría,

a
veces un retrato no es la vera efigie
prodigiosa del dios, ni un trato es un contrato,
oh Romeo, no estás esforzándote nada,

dijo el inca en su trono, ella se desvanece
en la incierta llovizna, y las máquinas son,
al igual que la carne, más bellas cuando nuevas,

señor de los legajos, permíteme siquiera
semialcanzar el post-surrealismo-pop,
perdonen por favor esta prosaicidad,

pulsas la cuarta tecla, y de repente el tiempo
se invierte paulatina aunque violentamente,
te gusta la luz pero no puedes negar que

a
veces en la niebla buscas nieblas oscuras,
siempre un hombre borracho en una calle extrema,
siempre una mujer sola ante una puerta abierta,

murmuraban las musas de calor embriagadas
musitando epitafios por el sol y lagartos
mutilaron las costras de sus labios ardidos,

Solotetes, que ama, el enano, en secreto
a doña Clitemnestra, juega a las cartas con
Orestes en un antro del camino de Delfos,

oh, carámbanos, fuck, dice Hamlet y sale
a trincarse a ña Ofelia encendiendo un porrito,
los espía el voyeur caballero de Olmedo,

no se apuestan monedas sino solo los ojos
de las ninfas traviesas de la noche de asfalto,
luego Arturo invitaba a una ronda de ajenjo,

a
veces creo reglas para poder saltármelas,
esculpe un fiero pájaro de arena en el desierto,
y otras sigo normas que no importan ya a nadie,

tal vez piensas que eres el único arrecife
en un planeta obtuso, o el último planeta
en un viejo universo cuyo tiempo implosiona,

hay ritos más antiguos que el mismo ser humano,
creados por instinto por mentes animales
que después ha imitado el bípedo alopécico,

el faraón apaga aburrido la tele,
arrodíllate y chúpamela, le ordena a cualquier sombra,
teme que la pirámide no esté acabada a tiempo,

tiempo, una vez pulsada la tecla verde el tiempo
ya no es reversible y fluye destrabado,
el mundo nunca ha sido realmente seguro,

Egill compone haikus sobre sangre y batallas,
entrechoque de hierros, Perceval, eremita,
en la gruta del bosque se masturba aturdido,

en los campos sin nombre brotan las amapolas,
vasto mar de espejismos ondeando en el viento,
lisos mares de almas refluyendo en el tiempo,

a
veces el viajero recuerda que hoy es viernes,
lo fugaz es eterno para el pulso del hombre,
esfuérzate, Guillade, la cierva vuelve el agua,

Guigemar, espabila, el barco va sin velas
y el viajero del tiempo no llega a fin de mes,
y ella, sola, se pinta luz meliflua en los ojos,

el tiempo arruga al tiempo, orín limpio de niña,
el hombre enseña al hombre, geometría helada,
Tristán, vomita el filtro, jamás podrás salvarte,

a
veces no te callas, a veces solo hablas
para que no se note que no quieres hablar,
suena Radio Sumeria, theremín y timbal.

.


ēgm. 2017

Tsitsi Jaji

Papillons


.
Observa a las ávidas mariposas nocturnas
y aprende lo que viene de volar demasiado cerca de la Llama.

Considera la ceniza amontonada:   todas esas alas

_____________alguna vez usaron su seda arrogantemente.

Aunque ahora estamos cegados como murciélagos,
revueltos hocicos de color.

Aguantamos las miradas
como bichos raros, pegados contra el cristal.

¿Quién va primero? ¿Quién tantea? ¿Quién tropieza?
Pídenos una canción de acera, un rezo para la vista.

Yo sé poco,
y menos aún qué es bueno.

Pero es mejor para dos renquear con mano generosa, como gemelos,
que solos, con el puño aferrado en torno a un palo.
.


Tsitsi Jaji. Papillons
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Allen Ginsberg

Haikus


.
Tomo el té
sin azúcar:
no hay diferencia.

Excrementos de gorrión
boca abajo,
¡ah! mi cerebro y huevos.

Cabeza maya en un tronco
a la deriva en el Pacífico;
un día viviré en Nueva York.

Al mirar por encima del hombro
mi trasero estaba cubierto
de flores de cerezo.

Haiku de invierno
No conocía los nombres
de las flores; ahora
mi jardín ya no está.

Aplasté al mosquito
y lo eché de menos.
¿Por qué hice eso?

Leyendo haikus
soy infeliz,
anhelo lo Innombrado.

Una rana flota
en el tarro de farmacia:
lluvia del verano sobre pavimento gris.
(al estilo de Shiki)

En el porche
con pantalones cortos;
luces de coche en la lluvia.

Otro año
ha pasado; el mundo
no es diferente.

Lo primero que busqué
en mi antiguo jardín fue
El Cerezo.

Mi viejo escritorio:
lo primero que busqué
en mi casa.

Mi primer diario:
lo primero que encontré
en mi viejo escritorio.

El fantasma de mi madre:
lo primero que encontré
en la sala de estar.

Dejé de afeitarme
pero los ojos que me miraban
permanecieron en el espejo.

El loco
emerge del cine:
la calle a la hora de comer.

Ciudades de chicos
están en sus tumbas,
y en esta ciudad…

Se acuesta a mi lado
en el vacío:
la respiración en mi nariz.

En el decimoquinto piso
el perro mastica un hueso;
chirrido de taxis.

Empalmado en Nueva York,
niño
en San Fransisco.

La luna sobre el tejado,
gusanos en el jardín.
Alquilaré esta casa.
.


Haiku. Allen Ginsberg
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

John Ashbery

El pato Lucas en Hollywood


.
Algo extraño está reptando a través de mí.
La Celestina solo tiene que gorjear las primeras líneas
de “I Thought about You” o algo suave de
Amadigi di Gaula para cualquier cosa –un bote mentolado
de Levadura Rumford, unos pendientes de plástico, Speedy
Gonzales, lo último de Helen Topping Miller y su prolífico
escritorio, un fajo de sugerentes fotos gris-beis, con bordes
mal cortados– y venir traqueteando por el irisado arriate
donde Pistachio Avenue embiste al bloque 2300 de Highland
Fling Terrace. Me prometió que me sacaría de aquí,
ese viejo dibujante ruin, ¡pero mira lo que me
ha hecho ahora! Ni me atrevo a acercarme al reflejo atenuado
en la taza del tapacubos, tan ictéricos, tan déconfits son sus
rasgos; divertidos, sin duda, para algunos frenólogos charlatanes
con sala de espera tupida de helechos, pero nunca lo que dirías
amigables. Aunque todo se está ahogando hasta el extremo del
silencio. Ahora mismo una tormenta magnética pendía del trozo
de cielo sobre el garaje de Fudds, reduciéndolo –drásticamente–
al aura de una cabaña de troncos azul jazmín sobre
un cobertor, recuerdo de la Venta de La Mesilla. De pronto todo
es detestable. No quiero volver adentro jamás. Tú conoces
a suficiente gente borrosa en esta esmeralda isla de tráfico; no,
no gente, idas y venidas, más: chapoteos, cuchicheos, estrafalaria
pero efectivamente equipadas infanterías de revueltas vegetales
de ardillas-locas, empenachadas, puntiagudas en el pequeño
castillo de cartón blanco en la ruta del molino. “Por el
perezoso río arriba, ¿cómo de felices podríamos ser?”
¿De qué modo acabará? Aquel resplandor de geranio
sobre Anaheim era la ley antidisturbios leída por el
petardo tamaño Etna que explotó en el último minuto en
una carte de Tendre en cuyo ángulo inferior derecho
(duro por la punzante trampa de arena que rodea la parcela
de espárragos de algolágnicas nuits blanches) Amadís seduce
a la princesa de Cléveris en una juerga de micciones a medianoche
en el Tamigi con los Wallets (Walt, Blossom y el pequeño
Sleezix) en una barcaza de lamé “prestada” por Ollie,
la temible señora de las túnicas en las películas. ¡Espera!
¡Tengo un anuncio! Este amplio, tibio y serpenteante
Leteo civilizado (apenas puedes distinguir los mástiles de cintas
de los chalets de nécessité en su juncosa orilla) lleva a Tofet, el
vertedero-encantado, complejo no-tan-residencial, ¡del cual
algunos viajeros regresan! Todo este momento es la ingle
de un gigante borborígmico que incluso ahora
está rodando sobre nosotros en su sueño. Adiós praderías,
albercas, humedales. La alegoría se desenreda
demasiado pronto; una lluvia de agudos arpones de caoba es
todo lo que hay que señalar entre los tornados. Yo tengo
solo mi vida intermitente en tus pensamientos para vivir,
lo que es como pensar en otro idioma. Todo
depende de si alguien te recuerda a mí.
Que esto es una fabulación, y que esos “otros tiempos”
son de hecho los silencios del alma, elegidos entre diamantes
sobre terciopelo estigio, importa menos de lo que debería.
El prodigioso sincronismo puede ser arreglado para convencerles
de que vivimos en una dimensión, la nuestra. Mientras yo en
el extranjero por todas las costas de la oscura destrucción busco
la liberación para todos nosotros, pienso en ese idioma: su
gramática, aunque torturada, ofrece pabellones
en cada nueva bifurcación de caminos. Ambulancias
pastel los recogen rápido y los llevan a los hospitales.
“Es todo trozos, lentejuelas, parches realmente; nada
permanece solo. ¿Qué fue de la evolución creativa?”
Aglavaine suspiró. Entonces, a su Sélysette: “Si su
único logro es acabar menos aburrido que los demás,
¿qué nos mantiene aquí? ¿Por qué no partir de inmediato?
Tengo que quedarme aquí mientras ellos permanezcan allí;
ríe, bebe, pasa un buen rato. En mis tiempos
uno se tendía bajo las recias hojas verdes,
fingiendo no darse cuenta de cómo se desangraban en
el agua celeste las incoloras regiones flotantes que
supuestamente no nos preocupan. Y también nosotros
llegamos a donde los otros llegan: noches de resistencia física,
o, si de día, nuestro comportamiento era anárquicamente
correcto, al menos para los estándares del Nuevo Brutalismo,
entonces todo crecía taciturno por previo acuerdo. Nos
desvanecimos en bateau, bajo la cobertura de tofe oscuro.
No son los fastidiosos defectos, sino lo escalofriante
del producto final. Cierto, pedir menos sería locura, aunque
si él es el resultado de sí mismo, ¡cuánto mejor deberíamos
ser para él! ¡Y qué poco, al final, tenemos esto en cuenta!
¿Es el arrugado satén brillante de un estuche que una vez
contuvo unas pistolas de duelo nuestro único reconocimiento
de ese color? No me gusta esto, sin embargo esta decepcionante
secuela de nosotros mismos ha sido aplaudida en Londres
y San Petersburgo. En algún lugar los cuervos rezan
por nosotros.” La tormenta terminó de incubarse. Y por tanto
ella preguntó a cuantos entraban por la gran puerta, pero a nadie
encontró que hubiera oído hablar de Amadís,
ni del austero Aurangzeb, su primer amor. A algunos
de ellos esto no les importaba ni un bledo, pues todo
por definición es completitud (así
razonaban en absoluta oscuridad), ¿por qué no
aceptarlo como le plazca revelarse? Como cuando
los rascacielos bajos desde las nubes más bajas revelan
una torreta aquí, una cornisa art déco allí, y por último quizá
el esquema que podría conducir a un sentido, pero que
permanece oculto en los misterios de la paginación.
No lo que vemos, sino cómo lo vemos es lo que importa; todo
es igual, lo mismo, y saludamos a quien anuncia
el cambio como saludaríamos al cambio mismo.
Toda vida no es más que una invención; recíprocamente,
el delgado tomo que se te resbala de la mano quizá no es el
vínculo perdido en este picnic invisible cuya influencia
envuelve nuestro sentido de ello. Por tanto vivaqueemos
en esta gran autopista rubia, no interrumpida por
velados escrúpulos o adivinanzas trilladas. La mañana es
inconsistente. Agárrate a lo sexual, balanceándote
sobre el horizonte como un niño
en una jornada de pesca. Nadie sabe realmente,
ni le preocupa, si esta es la totalidad de cuyas partes
fueron otorgados –una vez– sino que deambulan por
la tradición más que custodiarla. Este mantillo de
juego los mantiene interesados y ocupados mientras la gran
materia imprecisa puede decidir qué quiere, qué planos, qué
ciudades modelo, cuánto espacio sobrante. La vida, nuestra
vida, de todos modos, está en medio. No nos interesa
ni tampoco notamos que el cielo es verde, un papagayo,
pero tenemos nuestra seriedad donde nos conviene,
insincera, intrigada, invitando a más,
siempre invocando al eco, un día de verano.
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John Ashbery. Daffy Duck In Hollywood
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda